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Toni Acosta: “Creo que ya se acabó la época de esperar a que suene el teléfono”

By 28 de juliol de 2026cultura

¿Cómo fueron tus inicios? ¿Te fue fácil empezar?

No fueron fáciles, pero yo los recuerdo maravillosos. Es que cuando no tienes nada que perder… Entiéndeme. Yo, al principio, me ganaba la vida como camarera, profesora de inglés, baby-sitter, azafata… y, mientras, hacía unas animaciones en el Palacio Real. Y, claro, todas las oportunidades que me iban saliendo, por supuesto, las cogía todas. Me pasaba la semana, de lunes a domingo, haciendo cosas sin parar. Pura supervivencia, vamos. Pero todo era disfrute. 

¿En qué momento empiezas a vivir de tu profesión? 

Pues yo la verdad es que fui muy afortunada porque, a los 18 meses de estar en Madrid, ya me dieron un prota en una serie. ¡Y esto es impensable! Por suerte, ya en ese momento fui muy consciente de lo que significaba aparecer en una serie en prime time —como era ‘Policías, en el corazón de la calle’— y pensé: “Esto, si lo aprovechas, te puede cambiar la vida”. Y encima con unos compañeros cómo Josep Maria Pou, Pedro Casablanc, Adolfo Fernández —que falleció hace poco— Ana Fernández, Lola Dueñas… ¡O sea, es que ese elenco…!

Empezaste por la puerta grande.

Sí. Siento que Pedro Casablanc y Josep Maria Pou fueron, un poco, mis mentores. De verdad que aprendí más en esa serie que en cualquier escuela. Y enseguida también quise hacer teatro. Entre semana estaba en ‘Policías’ y los fines de semana me iba de bolos con Veronica Forqué, que hacíamos una comedia juntas. 

Y creo que el hecho de aparecer en prime time y, luego, compaginarlo con el teatro, fue clave. Sin ninguna duda, creo que éste es el secreto de que esté hoy aquí: haber combinado el audiovisual con el teatro. Yo tenía claro que sí tenía una carrera teatral, iba a poder vivir de esto.

Para mi generación siempre serás JJ de ‘Un paso adelante’, ¿cómo recuerdas esa etapa? 

¡Sí! (Ríe) Eso fue genial. A mi es que me encanta hacer comedia y me acuerdo que cuando me llamaron para hacer ‘Un paso adelante’, yo quería que mi personaje tuviera también su parte cómica. Tanto es así que yo les insistía: “Vale, sí, JJ es una macarra y una mandona que va muy al grano, pero vamos a darle un toque de ironía para que no caiga mal”. (Ríe) La verdad es que me lo pasé bomba haciendo ‘Un paso adelante’ y creo que muchos recuerdan ese personaje con muchísimo cariño.

Y siendo tan joven, ¿cómo gestionaste el éxito y la fama? 

Porque no era igual que ahora. (Ríe) De verdad que yo muchas veces pienso: “Si en la época de ‘Un paso adelante’ hubiésemos tenido Instagram, yo a lo mejor no supero esa etapa”. (Ríe) No me imagino como hubiese sido ese “fenómeno juvenil” con las redes sociales que tenemos ahora. Tuve la suerte de no ser tan famosa. 

Y también es cierto que los que hacíamos de profesores y así, teníamos una fama muy asequible… Los que interpretaban a los chavales sí que lo sufrieron mucho más. De hecho, algunos incluso tuvieron cierta dificultad para luego enganchar con otros proyectos y que les dejaran, en cierto modo, “hacerse adultos”.

En una profesión tan expuesta a las críticas, ¿cómo se mantiene el equilibrio entre el ego y la confianza en uno mismo? 

Creo que a mi me ayudó mucho el hecho de ser madre joven. Meterme de lleno en la maternidad a los 30 me ató mucho a la realidad y me sacó de mucha tontería. 

Y luego también que yo vengo de una familia muy humilde y en mi casa nunca me han vivido como una “famosa”. De hecho, ¿sabes qué nos decía siempre mi padre, cuando —a mi hermana o a mí— nos echaban “piropos de guapa”?: “Vosotras discretas. No hay que destacar”. Como que de alguna forma en casa siempre me inculcaron esta cosa de “mejor mantenerse en perfil bajo”, ¿no? Y, claro, yo nunca había pensado que mi físico fuera uno de mis atractivos como actriz, pero —ahora con los años— veo a JJ y pienso: “Jolin, qué guapa…”. (Ríe)  

Y por otro lado, por supuesto, también hay un ejercicio personal de autoconocimiento, de no “creerse” mucho las cosas y de entender que éste es un oficio de muchos altibajos. Yo he visto gente que se ha venido muy arriba… y luego las caídas son aún más dolorosas.

¿Cómo se sobrellevan los parones?

Mal, mal. (Ríe) Yo he tenido dos parones gordos —como de dos años y pico cada uno— y, sobre todo, se llevan mal porque crees que ya no te van a volver a llamar. Y además en mi caso coincidió que las dos veces que me quedé embarazada, justo me quedé sin trabajo. O sea, estuve embarazada en dos series y justo las dos terminaron, y claro…

Ya te dio miedo tener un tercero.

Claro, ¡ni de coña! (Ríe) No, que va. Mira, yo sí que quería tener tres hijos, pero una vez visto el trabajo que dan, con dos me planté. Pero sí, en esta profesión es importante ejercitar bien la paciencia. Y luego hay una cosa que creo que a mi me ha salvado la vida y es pensar: “Si no te llaman, no te quedes esperando. Haz algo.” Creo que ya se acabó la época de esperar a que suene el teléfono. 

¿Te preocupa que con los años las oportunidades laborales puedan disminuir?

No me da miedo, fíjate. Yo creo que una de las mejores cosas de cumplir años es conseguir bajar los niveles del miedo y la ansiedad. Yo creo que mi currículum y mi trabajo me avala, pero por supuesto quiero hacer personajes de mi edad. Como mucho de cinco años arriba o abajo.

Yo, por eso, cuando veo los retoques estéticos en las actrices, pienso: “Qué pena, porque el personaje de la de treinta no se lo van a dar ya”. Ya hay miles de actrices que realmente los tienen… O sea, puedo entender que te quieras ver la piel bien, pero no que pretendas verte más joven. Más joven es ridículo. Más que nada porque no parecemos más jóvenes, solo más operadas. 

De hecho, hasta hace poco, aquí en España éramos como “la resistencia”, pero últimamente ha llegado toda esta moda de retocarse las facciones —que yo creo que viene mucho más de Estados Unidos que de Europa— y considero que estamos entrando en algo peligrosísimo. 

Y, por último, ¿por qué crees que te han ido tan bien las cosas? 

¿La verdad? Porque me encanta trabajar y siempre me ha gustado crear buen ambiente en el trabajo. Porque por todo lo demás, lo paso realmente fatal. Lo paso mal en las sesiones de fotos, lo paso mal en las alfombras rojas… De hecho, te voy a contar una anécdota. (Ríe) Al principio, cuando empecé, tenía que llevar siempre vestido largo a los eventos porque —literalmente— me temblaban las rodillas. En el fondo sigo siendo una niña tímida, pero como para mi fue tan “fantasía” lograr vivir de esto, siempre he hecho todo lo posible por mantenerlo.

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